LA FISIOLOGÍA DEL FUTBOLISTA
Dr. Carlos Benítez Franco
La fisiología es la rama de la Medicina que se ocupa
del estudio de las funciones de los distintos aparatos y sistemas del ser
humano (sistema nervioso, cardiovascular, respiratorio, metabólico, muscular,
etc.). Mientras la fisiología tradicional estudia al sujeto en reposo, la
“fisiología del ejercicio” investiga el comportamiento del cuerpo humano en sus
“respuestas” agudas, rápidas y en sus “adaptaciones” lentas, crónicas, cuando
éste es sometido a las altas exigencias de la actividad física o el deporte
competitivo.
La realización de un ejercicio físico genera cambios
agudos, como por ejemplo el aumento de la frecuencia cardiaca y cambios más
permanentes como la hipertrofia (aumento de tamaño) de la masa muscular, si se
realiza como entrenamiento sistemático.
La forma en que un organismo responde a los estímulos
depende de factores genéticos y factores ambientales como la alimentación y el
entrenamiento físico.
Ahora bien, ¿qué aspectos se pueden mejorar o
modificar a través del entrenamiento en el futbolista?.
Todas las capacidades fisiológicas
(cardiorrespiratorias, neuromusculares, metabólicas, etc.) se manifiestan en el
deporte a través de las “cualidades
físicas” y los “sistemas
bioenergéticos”. Estas pueden evaluarse, cuantificarse y entrenarse
específicamente.
Existe un “perfil fisiológico ideal” para el
rendimiento del futbolista profesional. No obstante, existen también
capacidades “intangibles” o difíciles de valorar objetivamente, que hacen a la “calidad del jugador”, como la
inteligencia táctica, la habilidad motriz especifica, la ubicación espacial, la
estructuración temporal, la capacidad de adaptación colectiva, la capacidad de
anticipación, la capacidad perceptiva, las condiciones mentales, etc. En cuanto
a lo que es cuantificable y mejorable, los “sistemas bioenergéticos” abarcan:
1)
El sistema fosfágeno: es aquel donde se dan esfuerzos
de alta intensidad (máxima) y de muy corta duración, tales como: carreras
cortas, saltos, remates, etc.
2)
El sistema glucolítico o lactácido: son esfuerzos de
intensidad máxima y submáxima de duración intermedia (30” a 2’ aproximadamente)
como carreras repetidas de ida y vuelta a lo largo de la cancha, en el caso de
los marcadores laterales, que se proyectan.
3)
El sistema aeróbico o resistencia aeróbica: donde los
esfuerzos son de moderada intensidad y de larga duración, se llama también
capacidad de consumo máximo de oxigeno (Vo2max.) y se manifiesta en la
posibilidad de tolerar el esfuerzo sostenido de todo el partido, y de
recuperarse con rapidez luego del mismo.
La fisiología del ejercicio a través de pruebas
especificas, realizadas en el campo de deportes o en el laboratorio, permite
medir las prestaciones en cada uno de estos sistemas y también en las “cualidades
físicas”: la velocidad, agilidad, fuerza, flexibilidad, capacidad coordinativa,
etc. Estas mediciones fisiológicas realizadas e interpretadas por personal
idóneo (especializado en fisiología del esfuerzo) permite detectar y corregir
los déficit individuales y colectivos del plantel en estos aspectos, para
facilitar que afloren los otros aspectos, los “intangibles” del fútbol de
“juego bonito” que a todos nos gustan.
Los procesos de selección a lo largo de la carrera
deportiva de los futbolistas los van ubicando de acuerdo a sus aptitudes
físicas y futbolísticas en distintos niveles o categorías: liga amateur,
profesional (D, C, B, Nacional B, A)
nacional, internacional o Selección Nacional. Cada futbolista posee un perfil
de rendimiento básico que lo ubica o proyecta en determinada categoría en su
carrera deportiva. Dicho de otra forma, el lugar al que cada uno accede depende
en cierta medida, de estas “pequeñas menudencias” que a veces hacen la
diferencia, aunque también puede intervenir el azar o la suerte.
Pero como reza un sabio dicho: “la suerte es la combinación entre la preparación y la
oportunidad”.
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